domingo, enero 28, 2007

Afrodisias Hotel 3

- ¡Diga!

- ¡Hola! Soy Luisa.

- ¡Qué bien que haya llamado!

- Llamo porque he olvidado poner la lavadora...

- No se preocupe. Tiene tres semanas para hacerlo.

- ¿Como?

- Nos vamos de viaje. Emilio me ha regalado un viaje a Turquía como regalo de aniversario.

- Felicidades.

- Muchas gracias. Ahora iba a llamarle para decirle que durante las próximas tres semanas puede disponer de la casa a su antojo.

- Entonces no hace falta que ponga la lavadora ya lo haré yo mañana.

- Si no es ninguna molestia. Sólo hay que conectarla ¿verdad?

- ...Sí.

- Pues voy ahora mismo antes que se me olvide. Todavía tengo que hacer el equipaje.

- Déjelo, mujer.

- De ninguna manera encima que se ha tomado la molestia de llamar lo mínimo que puedo hacer es ahorrarle un poco de trabajo.

- Pues muchas gracias y buen viaje.

- Gracias a usted.

- Adiós.

- Adiós.


"Ahorrarme un poco de trabajo. ¡Ja!" pensó la señora Luisa: se iba a pasar las tres semanas siguientes restaurando las camisas de los cojones. Porque una cosa era descubrir la catástrofe estando el brazo ejecutor presente y otra muy distinta es conservar el cadáver durante tres semanas y esperar que alguien que vuelve de vacaciones se sienta responsable de algo que ni siquiera recuerda. Porque Marta ni se acordaría que había sido su dedo el que pulsara el botón asesino. Afortunadamente para la señora Luisa, cuando Marta colgó el teléfono se olvidó de la lavadora, pero eso lo descubrió al día siguiente cuando ya se había resignado a asumir las consecuencias de su intento de genocidio camiseril procurando que el desastre no se notara.


- ¡Qué maravilla!

- ¡Cuanto turista!

- ¡Qué bonito!

- ¿Te has fijado que no hacemos otra cosa que repetir tópicos.

- Y ¿qué sugieres?

- Pues no lo sé, pero si seguimos así vamos a acabar hablando como un sueco que estudia primero de español.

- De hecho es lógico estamos recorriendo los lugares típicos de Estambul.

- Y ¿si hacemos algo original?

- ¿Tienes alguna idea?

- No, pero se me puede ocurrir.

- Cuando se te haya ocurrido me lo dices.

- Ya está! Dime un número.

- El 111.

- ¡No tan alto!

- El 7.

- Son las 10,30 a las 17,30 nos encontramos en el séptimo restaurante de la guía y cada uno tiene que traer un plan orinal para mañana.

- Y ¿si no se me ocurre nada?

- Pagarás prenda.

- Eso quiere decir que a ti ya se te ha ocurrido algo...

- Podría ser...



- Desde luego dudo que tengas una idea más original que la de venir a este restaurante. ¡Qué cutre!

- Y ¡Qué difícil! Llevo una hora buscándolo.

- ¿Se te ha ocurrido algo?

- ¡Sí!

- ¿El qué?

- Ya lo verás. Iremos esta noche. ¿Y a ti?

- Te lo diré esta noche.

- ¡Cuanto suspense! ¡Qué emoción!



- Hay que reconocer que original si que lo es.

- No me digas que no te gusta.

- Estoy encantado.

- Y además sale barato.

- Si te controlas sí.

- ¡Si todo es gratis!

- Menos las apuestas.

- Nadie te obliga a jugar.

- ¡La última noche en Estambul y la pasamos en el casino! ¿Qué se ha hecho de tu romanticismo?

- Se fue al garete cuando me pisaron el juanete en Santa Sofía. Y ¿quien dice que esta sea nuestra última noche en Estambul?

- Yo. Toma.

- ¿Qué es esto?

- Los billetes para ir a Ankara mañana... ¿No te apetece una noche en el Oriente Exprés?

- El Oriente Exprés se quedaba en Estambul.

- Mejor, así no tendremos crimen.

- No estés tan seguro. Como haya una sola pulga tu serás la víctima y yo el asesino...




- Me encanta el "patelín".

- Tiene su gracia ¿verdad?

- Efectivamente, tienes un montón de lugares donde vivir mientras te desplazas de un sitio a otro.

- Siempre y cuando todavía tengan una cierta filosofía del ferrocarril.

- Y ¿tú crees que esto forma parte de la filosofía del ferrocarril?

- ¡Sí!

- ¡Si es una turistada!

- Ve a un vagón de tercera y verás cuantos turistas hay... Aunque hay que reconocer que la filosofía del ferrocarril, al fin y al cabo, no es más que una turistada.

- No te acabo de entender.

- Pues es muy fácil. ¿Qué es una turistada?

- Una horterada.

- De acuerdo, pero lo es porque es la banalización de una necesidad ancestral que tiene una parte de la humanidad.

- ¡Ah! ¿Sí? ¡Qué cosas!

- Siempre ha habido gente que ha sentido curiosidad por saber que hay más allá de las montañas que rodean su poblado, pero esa gente constituye un pequeño porcentaje, tan reducido como lo es el de los homosexuales. Eso, en una comunidad con pocos miembros, significa estar en franca minoría, y por ello, incluso, se les puede anatemizar. Pero en una gran ciudad ese pequeño porcentaje significa un número lo suficientemente elevado de individuos como para que resulte rentable constituir una empresa que satisfaga sus necesidades. Como la aldea global nos ha salido más urbana que rural, donde todo es cuestión de marketing y los viajeros son un número suficiente como para constituir un mercado nada desdeñable, se ha creado una industria que satisface sus necesidades viajeras. Sólo la degeneración propia de todo proceso histórico ha hecho que lo que empezó siendo un servicio que le hacía la vida más cómoda al viajero se haya convertido en todo lo contrario. Se ha creado eso que se ha venido a llamar "Industria turística" formada por una serie de servicios e instalaciones que lo único que hacen es joder el país, el paisaje y el paisanaje. Al final lo único que consiguieron fue que autentico viajero huyera de la "industria turística" como de la peste. Como se quedaban sin clientela tuvieron que buscar un nuevo mercado, por eso se lo han montado para hacer creer al resto de la humanidad que es cojonudo viajar y que no se es nadie sino se viaja, así el porcentaje de la población que nunca ha sentido curiosidad por mirar que ocurre en el valle de al lado se siente obligada a viajar por compromiso social, siendo incluso capaz de sufrir estoicamente la peor de las torturas para no ser menos que el vecino de al lado que probablemente se siente igual de mal que él. Son los turistas sometidos a las turistadas. Y este público constituye el mejor público posible porque nunca discutirá el producto: aunque en su interior esté convencido que es mierda nunca lo dirá en voz alta, y así se le puede vender mierda con total impunidad.

- Y todo esto ¿qué tiene que ver con los viajes en tren?

- No me cortes. Ya sabes que todo discurso tiene una introducción, un planteamiento y una conclusión. De momento estoy a media introducción.

- Lo dices para aterrarme y que cambie de tema. Pero no pienso hacerlo. No tengo ninguna prisa. Me encanta este vagón restaurante, con este glamour "pop" a lo tercer mundo y con la suficiente penumbra para creernos iluminados por velas, donde se puede mirar por la ventanilla para no ver nada mientras tomo un raki detrás de otro, sintiéndome a las tres de la madrugada cuando a penas son ... ¡las diez!.. Nos queda un montón de horas en tren y está bien que tengas un discurso largo.

- Preferiría hacer otras cosas...

- Hay tiempo para todo.

- No creo. Cogerás una trompa como un piano con tanto raki y te tendré que llevar al compartimiento en brazos.

- Lo que quedaría de lo más propio. Al fin y al cabo estamos en una especie de luna de miel.

- En las lunas de miel las novias no se emborrachan.

- No tengo ni idea de lo que hacen las novias en la luna de miel... Pero a mi me encanta estar así y así voy a continuar.

- No tienes ninguna consideración hacia mi lumbago.

- Y ¿por qué debería tenerla si al fin y al cabo es una cosa que lo único que hace es fastidiar?

- Para que no fastidie.

- Esa es una actitud cobarde.

- La cobardía suele ser en muchos casos simple prudencia.

- O sea, que no me llevarás en brazos al compartimiento.

- Si no hubiera otro remedio lo haría pero tengo otros recursos.

- ¿Cuales?

- Desde pedir ayuda al camarero a dejarte dormir aquí hay varias posibilidades...

- ¿Me dejarías durmiendo aquí? ¿Sola?

- Sola no. Me quedaría yo contigo. Pero me parece una estupidez hacerlo, sobretodo teniendo en cuenta que tenemos un compartimiento con un par de literas fantásticas.

- Eres un burgués.

- ¡Ya me gustaría! Pero simplemente soy comodón y tengo unas vagas nociones de una cosa llamada sentido común.

- Y todo esto lo haces para despistar. ¿Qué me estabas contando?

- No me acuerdo.

- Pues yo sí. Para que veas que la perspectiva de dormir aquí todavía está muy lejos... Me decías que una minoría a la que tu llamas viajeros a conseguido imponer sus gustos a la mayoría del personal...

- Sin darse cuenta de como se han fastidiado a si mismos, porque se ha creado una industria que aprovecha todos los tópicos del viajero intrépido por mundos desconocidos para hacer negocio aunque, al mismo tiempo, se destruyan esos mundos desconocidos...

- Hay que reconocer que tienes labia.

- ¿Sólo eso?

- Y alguna que otra cosa que ahora no recuerdo.



- ¡Me encanta este lugar!

- Te refieres al hotel, a Huchisar o a Capadocia en general.

- A todo. A ti incluido....



- ¡Estoy harto!

- ¿De mí?

- No cariño. De tanta erosión, de tanta casa excavada en la roca, de tanto subterráneo, de tanta piedra que parece merengue, de tanto estrujarme las meninges imaginando frescos bizantinos a partir de un manchurrión que parece de humedad... ¡Nos vamos!

- ¿A donde?

- A algún lugar donde no haya nada bizantino.

- ¿Konya?

- Ni musulmán tampoco...Algo clásico.

- ¿Éfeso?

- ¡No! ¡Afrodisias!


- Ya no entiendo el francés - pensó Marta cuando oyó, a lo lejos, el discurso que la propietaria del hotel dirigía a algún empleado, de hecho no le sorprendió semejante discapacidad repentina después de un viaje agotador a través de media Turquía bajo un sol abrasador en un coche sin aire acondicionado... Lo del aire acondicionado había sido un número. Como Emilio se había empeñado en largarse a toda prisa, tuvieron que conformarse con el primer coche de alquiler que encontraron, ella había pretendido que su ansiedad de antigüedades clásicas podía esperar un poco, al menos hasta encontrar un coche con aire acondicionado, al ser recibida su sugerencia con un gruñido, no insistió. Cuando más tarde el coche se había convertido en un horno sobre ruedas, una simple alusión a lo fantástico que hubiera sido estar fresquito había desencadenado una trifulca que azuzada por el calor agobiante había hecho que las palabras ofensivas, los comentarios punzantes, los reproches más rastreros, salieran a la cruda luz de ese día insoportablemente caluroso. Al llegar a cierto punto ambos, cada uno por su lado, se habían percatado que siguiendo por ese camino las consecuencias podían llegar a ser irreparables y se habían asustado, así que se callaron e hicieron el resto del viaje en silencio. Cuando te licúas de calor atravesando a alta velocidad un paisaje sobrecogedor de inmensas llanuras por unas carreteras salpimentadas de conductores suicidas y te ves obligado a permanecer en silencio sin el consuelo de una exclamación tópica, tu cerebro empieza a bullir de juicios tremebundos, decisiones radicales y planes de acción descabellados. Afortunadamente, ni Emilio ni Marta dejaron traslucir nada parapetados tras un ofendido silencio. Y cuando ya cerca de Afrodisias estalló una tormenta colosal, ambos la saludaron con íntima satisfacción. De forma que cuando llegaron al sencillo hotel regentado por una francesa frente a las ruinas, la tormenta había pasado -y no sólo en el aspecto meteorológico- Ello permitió que la presunta afasia de Marta no le provocara la más ligera preocupación, y cuando descubrió que Madame se dirigía a sus empleados en turco en lugar de sentir un infinito alivio al comprobar que el estado de su cerebro no había sufrido una catástrofe simplemente llegó a una de esas conclusiones generales que todos estamos dispuestos a reconocer inútiles y falsas pero a cuya generación somos incapaces de sustraernos.


- No hay nadie como los franceses para fingir que hablan francés cuando hablan otro idioma.


Emilio comprendió perfectamente a que se refería su mujer pues el había hecho un proceso mental parecido aunque este no hubiera desembocado en un comentario verbal. Sintió tal alivio al descubrir la propuesta de paz que significaba el hecho que Marta le hablara que se sintió obligado a decir algo.


- Qué me dices de los ingleses?

- Esos no hablan lenguas extranjeras.


Madame les informó que era demasiado tarde para visitar las ruinas pues ya habían cerrado pero que podían pasear por los alrededores y gozar de la puesta de sol y que si "l'orage vient doucement" les daría tiempo a cenar en el jardín. Ellos tuvieron la absoluta certeza que cenarían en el jardín: la tormenta había pasado definitivamente.


- ¡Mierda!

- ¿Qué pasa?

- ¿Has visto quien está en la mesa del fondo?

- ¡Luis Gerici Salac!

- ¡Qué mala pata! Ya tengo las vacaciones arruinadas.

- Vamos no exageres.

- Ese tío me repugna.

- Finge no reconocerlo y en paz.

- Si se da cuenta que hay un español que no lo reconoce echará a su asesor de imagen y a todo el gabinete de prensa de su partido.

- Pues lo tendrán merecido por trabajar para él.

- Eso es verdad. Y no es cuestión de amargarse porque el líder conservador de tu ciudad esté cenando en el mismo restaurante. Aunque ese restaurante esté en el culo del mundo... Podríamos envenenarle no he visto ningún guardaespaldas.

- Los guardaespaldas son cosa de altos cargos y Gerici todavía no lo es.

- Al tiempo. De momento no es alto pero está elevado. Y va subiendo como la espuma.

- Tranquilízate no hay para ponerse así. El también tiene derecho a existir.

- Pero lejos de mí... Lo que más me jode es que hubo una época en que lo admiré.

- En su época anarquista, claro.

- ¿Has leído algo suyo?

- Lo conozco desde la época de la universidad. Era uno de los cabecillas de la revolución proletaria vía sexo, drogas y rock and roll.

- ¡¿Lo conoces?! ¡Ni se te ocurra saludarle!

- Ni lo había pensado. Lo más probable es que no se acuerde de mí.

- Ojalá.

- ¡Venga! Olvídalo y dedícate a tus "pirzola".

- ¡Estoy harta de cordero!

- Tranquila. La frecuencia corderil no tiene nada que ver con tus contratiempos ideológicos.

- No pero los resalta.

- Entonces, como una buena chica de izquierdas piensa que las costillas de cordero que tanto desprecias, aquí son un lujo sólo al alcance de unos pocos, y que tú sólo tienes que soportar a un facha a diez metros de distancia mientras que la mayor parte del mundo lo soporta encima.

- Cuando te pones moralista no hay quien te soporte... Menos mal que ahí llega algo que le va a dar un toque liberal a la velada.

- No encuentro nada especial.

- ¿De verdad?

- No. Dos hombres cenando.

- Dos hombres sin mujeres.

- A lo mejor ellas se ha quedado en Pamukkale tomando las aguas...

- ...y ellos se han venido sin ellas a un sitio tan romántico como este para escribirles un poema!

- Podrían ser padre e hijo...

- Entonces el padre lo fue a los quince.

- ¡Qué ojo tienes para calcular la edad del personal!

- Mucho más que tú.

- Porque a ti no te preocupa que te la calculen.

- ¿Y a ti sí?

- Depende de donde, cuando y quien.

- Pues vete haciendo a la idea de que todo el mundo te la está calculando siempre en todas partes.

- ¡Buenas noches!


Enfrascados en su conversación no habían visto la llegada de Claudia quien al entrar bajo el emparrado donde se servía la cena y descubrir su presencia había manifestado una ligera, ligerísima, sorpresa. Con decisión se había dirigido hacia ellos y los había saludado con absoluta naturalidad. Emilio, galante, se levantó e hizo las presentaciones pertinentes pues ambas mujeres no se conocían. La pareja invitó a Claudia a sentarse en su mesa, invitación que fue declinada con la excusa de tener que leer la guía para organizarse la jornada siguiente y encontrarse muy cansada para hacerlo más tarde en la habitación por lo que prefería cenar sola.


- ¿Quien es?

- Una antigua amiga.

- ¿Como de antigua?

- Muy antigua.

- ¿Como de amiga?

- Muy amiga.

- Hasta el punto de acostarte con ella.

- ¡Mujer!

- ¡Contesta!

- Sí. Nos acostamos varias veces. Pero eso no significa nada. Fue en la prehistoria.

- ¡Mucha historia antigua hay por aquí! ¡Y no me refiero a la clásica precisamente!

- No te entiendo.

- Un excolega de la universidad, una examante... ¿No habrá en tu turbio pasado una historia ambigua con ese alemán?

- ¿Como sabes que es alemán?

- ¡No hay más que verle! Pero no cambies de tema. ¿Lo conoces?

- En mi turbio pasado no existe ninguna historia ambigua con ese alemán ni con ningún otro.

- No sabes lo que me alegra. Me parece que me voy a sentar en su mesa y así te dejo solo para que puedas dedicarte a hablar de los viejos tiempos con tus amigotes.

- No grites, por favor.

- ¿Quien está gritando?

- ¡Por favor!

- Mira ¿Sabes que te digo? Que me voy a dormir.

- ¡Marta! Espera, por favor. Voy contigo.

- ¡No! Quédate. Prefiero que me dejes sola durante un rato. ¡Vaya día!




- No vuelvas a dejarme sola nunca más.

- Pero si me lo has pedido.

- No puedo estar sin ti.

- Yo tampoco.

- Pues no se nota. ¡Dos horas! Aquí pensando que me vas a dejar, que soy una imbécil, que... te quiero!

- Yo también te quiero.

- Prométeme que nunca nos volveremos a pelear.

- No crees que eso lo deberías prometer tú.

- ¡Ya empezamos!

- Eso ¡empecemos!

- ¿Así?

- ¡No! ¡Así!



- ¿De donde vienes?

- De dar una vuelta.

- ¡Mucha vuelta estás dando tú!

- Me he despertado muy pronto y no podía volver a dormirme.

- Ya sabes que yo tengo un remedio para eso.

- No te quería despertar.

- No te preocupes. Siempre es un placer.

- ¡Es un gustazo!

- Grosero. Y ¿has visto algo interesante en tu vagabundeo campestre?

- Por el campo no.

- Y ¿en algún otro sitio sí?

- En el pasillo.

- Y ¿qué ha visto mi chafardero favorito en el pasillo?

- A tu Ganímedes favorito salir de una habitación a horas un poco intempestivas.

- ¿El camarero-bombón? ¿Quien se lo ha tirado? ¿Los alemanes?

- Sólo uno es alemán el otro es español.

- ¿Como lo sabes?

- Porque anoche estuve hablando con ellos.

- ¿No me dijiste que habías ido a pasear?

- Eso fue después. Al verme solo me invitaron a tomar el café en su mesa.

- ¡De toda la gente que había anoche te enrollas con los únicos que no conoces!

- Me faltaban para la "cole".

- Y cuando tú te fuiste a pasear ellos se ligaron a Ganímedes...

- No lo sé.

- Es obvio. No dices que le has visto salir de su habitación.

- Yo no he dicho que fuera su habitación.

- Entonces de quien era.

- De Claudia.

- ¡Te levantas de madrugada para espiar la habitación de tu amante!

- Yo no he dicho eso.

- Faltaría más que lo dijeras. Simplemente lo has hecho. ¿Qué esperabas? ¿Que estuviera sola e insomne y te abriera la puerta?

- Marta, esto es ridículo.

- Pensabas en ella cuando follabas conmigo y por eso no podías dormir y saliste a ver si ocurría algo que remediara la situación...

- ¡Basta!

- ...y te encontraste que ella ya iba bien servida...y...y

- ¡Me voy a desayunar!

- ¡Que te aproveche!


- ¿Se te ha pasado?

- ¡No! Pero no me voy a quedar encerrada en la habitación. Si he venido hasta aquí por lo menos veré lo que hay.

- Me parece muy inteligente por tu parte.

- Me importa un bledo lo que te parezca.

- ¡Buenos días!

- ¡Buenos días! Marta te presento a Klaus y a Paco. Esta es mi mujer: Marta.

- Mucho gusto.

- Es un placer.

- Lo mismo digo. La propietaria de este hotel será francesa pero esto parece una colonia española.

- Perdonad a mi mujer pero hoy no se encuentra bien.

- Sin embargo tu estás estupendo.

- Bien nosotros nos vamos. Hasta luego.


Para ir a las ruinas Emilio quería coger el coche. Marta quería ir a pie. Emilio cedió. Sabía que era un paseo de un kilometro y medio hasta la entrada aunque el hotel se encontrara prácticamente enfrente del antiguo estadio pero no era cuestión de echar más leña al fuego, si Marta quería ir a pie, irían a pie y cuando se cansara, sobretodo, no había que recordarle que la idea había partido de ella.

A las diez de la mañana no es que hiciera mucho calor pero Marta ya empezaba a estar harta de altas temperaturas, no entendía que le pasaba pero estaba histérica. "Son los nervios" pensó y apretó el paso. Emilio la siguió resignado cargando con la cámara y las guías. Cuando llegaron a la entrada no se habían dirigido la palabra en todo el trayecto. Empezaron la visita también en silencio. Emilio leía la guía y cuando intentó comentarle algo a Marta recibió un bufido como repuesta. En el estadio intentó hacerle una fotografía y la respuesta no fue más cortes. Como estaba a punto de perder la paciencia la dejó en el estadio y prosiguió solo la visita. Entendía y no entendía la reacción de Marta. De todas maneras a esta altura de la vida había llegado a la conclusión que lo de menos era entender o no a alguien. Marta tenía reacciones incomprensibles que le encantaban y otras, también incomprensibles, que lo sacaban de quicio. Y era así. El éxito de una relación estribaba en que las reacciones incomprensibles positivas superaran en número y calidad a las reacciones incomprensibles negativas y si además aprendías a neutralizarlas mucho mejor. Pensando en todo ello fue visitando las ruinas sin prácticamente enterarse. Cuando se dio cuenta no le importó. "Las ruinas son un decorado para hacer cosas como pensar, sentir nostalgia de otras épocas, abismarse en el vértigo que da el saber que algún día la Quinta Avenida de New York será así, una ruina. Incluso habrá gente de gusto refinado que visitará las ruinas de Benidorm y a partir de los restos, que serán considerables porque el hormigón armado es de difícil destrucción, imaginará un mundo tan esplendoroso como el que yo me imaginaría aquí si no tuviera cosas más importantes en que pensar" Siguiendo estos razonamientos se encontró sentado en las gradas del teatro, habían muy pocos turistas. "Una ventaja para mi y un inconveniente para la industria turística. ¿Cuantos sitios deben quedar así? Libres de gente y de fácil acceso. Me tengo que informar para futuras vacaciones. Vacaciones ¡Ja! Eran esto unas vacaciones. En la forma lo parecían pero en el contenido...Mejor no pensar en ello ¿Donde estará Marta? ¿Será una influencia de Afrodita el que nos peleemos precisamente en la ciudad donde fue patrona? ¡No he visto el templo! No debe de ser muy espectacular si lo he pasado por alto. A ver que encuentro antes el templo o a Marta" Salió del teatro y volvió hacia atrás en busca del templo cuando vio que Marta venía corriendo y llorando en lo que tenia todo el aspecto de ser un ataque de histeria.

- ¡Vámonos!

- Pero...

- ¡Vámonos ya!


El camino de vuelta fue un martirio. Era mediodía y el calor era insufrible. Menos mal que pasó un coche y a Emilio se le ocurrió hacer autostop. Los recogió y los llevó al hotel. Una vez en la habitación Emilio obligó a Marta a ducharse y le dio un somnífero. "Es el único tipo de calmante que tenemos aquí" le dijo. Cuando estaba estirada en la cama esperando que el somnífero hiciera efecto marta habló por primera vez desde el incidente.


- Estaban follando...

- Eso lo hace casi todo el mundo.

- Pero...

- Intenta dormir. Llevamos unos días con mucha tensión y cualquier cosa te habría hecho estallar.

- ...Paco le daba por culo a Klaus...

- ¡Vaya! No son padre e hijo. Me has ganado.

- ...le decía "¿Te gusta? ¡Cabrón! ¿Te gusta!"...

- Son cosas que se dicen.

- ...ahí, en el almacén del estadio...era todo tan cutre....

- Tranquilízate.

- ...no puedo, quiero vomitar...

- Respira hondo.

- ¡Vámonos de aquí ya!

- Cuando hayas descansado un poco...

- No te vayas.

- No me iré.


Marta durmió dieciséis horas seguidas y Emilio sólo se apartó de ella para ir al lavabo, a comer, a pedir una botella de whisky, al lavabo, a pedir más hielo, a cenar, al lavabo, se duchó, se tomó un somnífero y se acurrucó al lado de Marta.

A la mañana siguiente Marta se despertó en plena forma. Si se acordaba de sus últimas tribulaciones lo disimuló muy bien, sólo tenía una idea fija: salir de Afrodisias cuanto antes. Emilio la secundó en sus proyectos. Mientras preparaban las maletas pareció que volvía el buen humor de antaño y que todo había pasado. Es increíble lo que hacen las pastillas. Bajaron a desayunar y volvieron los problemas.


- ¿Qué pasa?

- No podemos irnos.

- ¿Quien lo dice?

- La policía.

- ¿Qué ha pasado?

- "Mesié Sinsel" ha aparecido muerto.

- Y ¿que tiene que ver ese hombre con nosotros?

- Es Klaus. Se llamaba Klaus Scinsel

- ¡¿Qué?!

- Por lo visto el estadio de Afrodisias fue ayer un lugar lleno de emociones fuertes para él.

- ¿Qué quieres decir?

- Lo han encontrado muerto ahí esta mañana.

- ¿Quien? ¿Como? ¿De que manera?

- Un pastor que lleva las ovejas de madrugada para que coman hierba lo ha encontrado y ha avisado a la policía.

- ¿Un pastor con ovejas en las ruinas? ¡Estoy alucinando!

- No alucinas. Es así.

- ...y...y...que le ha pasado.

- Según "Madame" parece que ha sido un accidente y la policía quiere hablar con nosotros. Una cuestión de tramite.

-¡No me lo puedo creer!

- Ni yo.

- Quiero irme de este maldito lugar cuanto antes.

- Y yo también, pero no querrás que te persiga la policía turca como sospechosa de asesinato.

- Tengo miedo.

- No te preocupes no va a pasar nada.


- Dicen que salió por la noche a dar un paseo romántico por las ruinas. Ya has visto que es fácil colarse...

-¡Si se cuela un pastor con un rebaño...!

- ...que tropezó y se cayó por las gradas desnucándose

- ¡Qué muerte más tonta!

- ...pero yo no me lo creo.

- Me parece muy bien pero en cuanto nos devuelvan el pasaporte nos largamos.

- Marta, tengo que confesarte algo.

- ¿Qué?

- No estamos aquí por casualidad.

- ¡Sólo me falta ahora un discurso sobre el destino!

- El destino no tiene nada que ver. Lo he preparado yo.

- ¿Tú has matado a Klaus?

- No. Pero yo conocía a Klaus, igual que a Luis y Claudia.

- O sea que en tu turbio pasado tuviste un rollo con Klaus.

- No del tipo que estás pensando. Tienes que tener en cuenta como eran los setenta: la liberación sexual, las comunas urbanas y...las drogas.

- Ya sé que cuando eras joven te lo pasaste muy bien. Y ¿qué?

- Por entonces Klaus vivía en Barcelona en una especie de mezcla de comuna y piso de estudiantes donde vivíamos también Luis y yo.

- Y Claudia.

- No Claudia era la novia de Klaus.

- ¿Puedes repetírmelo? Me parece que no he oído bien.

- Nos reíamos mucho. "Claudia y Klaus" es una expresión que hace mucha gracia cuando estás emporrado.

- No hace falta que me hables de las propiedades que tiene la María para encontrar graciosa una suela de zapato.

- En el piso vivía otro chico.

- No me cuentes más. Todos menos Klaus erais maricones hasta que dejasteis las drogas y os pusisteis del revés.

- Marta estoy intentando decirte algo importante y no me lo pones fácil.

- Y tú crees que para mi lo es.

- No, ya lo sé. Pero ayúdame.

- Bien. Érase una vez un piso donde vivían cuatro jóvenes estudiantes a los que se beneficiaba la novia de uno de ellos que era maricón...

- ¡Marta! ¡Por favor!

- Vale, vale.

- Estudiantes sólo lo eramos Luis y yo. Klaus era un alemán que había aterrizado por ahí un buen día y Antonio era lo mismo pero en versión española.

- ¿De que vivíais?

- Luis y yo teníamos el dinero que nos enviaban nuestros padres. Klaus tocaba la guitarra en la calle y Antonio trapicheaba con drogas y a la larga era el que lo pagaba todo.

- Un chico fantástico el Antonio de marras.

- No te rías. Era un gran tipo. Lo que entonces se llamaba un lumpen que sin embargo regalaba chocolate y ácidos a unos pijos de mediopelo como nosotros y nunca, nunca nos mezclo en sus malos rollos.

- ¿Qué fue de él? No me digas que es uno de los banqueros estrella de los ochenta.

- Lo mataron.

- ¡Joder!

- Nos enteramos de casualidad. Era nuestro último curso de carrera. Tanto Luis como yo y teníamos que aprobar en junio. El se quería ir a la India. Ya conoces el libro que escribió después. A mi me había salido un trabajo en una agencia de publicidad para agosto con posibilidades de quedarme fijo. Eran otros tiempos. Así que estábamos absortos estudiando. Yo por lo menos. Y no nos dimos cuenta que Antonio había dejado de aparecer por casa. Un día llegó Claudia muy alterada diciendo que una amiga le había comentado que era una pena lo de su amigo...



- ¿Qué amigo?

- El de los tripis.

- ¿Qué le ha pasado?

- ¿No lo sabes? Lo rajaron el otro día. ¡Si salió en los papeles!



- Nos lanzamos a la calle a buscar a Antonio. Recorrimos todos los antros a los que habíamos ido con el. Preguntamos a todos a los que habíamos visto hablando con el. Y siempre la respuesta era la misma o hacía meses que no lo habían visto o que lo habían "rajao", todos pensaron que era nuestro camello... Decidimos esperar. Al menos hasta final de mes. Un día, cuando ya habíamos terminado los exámenes y estábamos esperando que salieran las notas, llegó Klaus con "El Caso"...

- ¿Con qué?

- "El Caso", un periódico amarillista y escabroso que novelaba y desvirtuaba con la coartada de informar sobre los sucesos criminales. La versión impresa de entonces de los "Reality Show" actuales. En las paginas interiores había un titular: "IDENTIFICADO EL CADÁVER DE VIRGEN DEL PILAR". Debajo había una foto de Antonio y en reportaje había una entrevista con... ¡su mujer! Nos enteramos de su nombre completo que después de "vivir" durante más de tres años en el mismo piso no conocíamos, nos enteramos que era muy apreciado por sus vecinos, nos enteramos que la policía sospechaba que era un asunto de drogas y su mujer indignada se defendía que en casa no habían encontrado nada y que su Antonio nunca había hecho nada malo. En fin nos dimos cuenta que Antonio tenía una doble vida y que nosotros formábamos parte del lado secreto. Un secreto que se había llevado a la tumba por lo visto porque la policía no nos había hecho una sola visita. ¡Y menos mal! porque nuestro piso era su almacén. Cuando registramos su habitación encontramos de todo chocolate, tripis, anfetas... y más o menos un kilo de heroína.

- ¡Hostia!

- El primer impulso fue tirarlo todo por el water. Pero Luis, siempre tan práctico, pensó que eso podía traernos problemas sino con la policía al menos con el propietario de la droga porque por muy bien que le fueran los negocios, Antonio no tenía tanto capital para invertir, era obvio que la había robado y por eso lo habían matado... Así que decidimos esconderla y esperar. Se la llevó Claudia porque vivía con sus padres y un piso en Sant Gervasi era de lo menos sospechoso. Y esperamos. Pasados quince días decidimos que no había peligro: nadie conocía nuestra relación con Antonio... Nuestro paso siguiente fue buscar trabajo en la costa como camareros. A mi padres les encantó que a pesar de tener trabajo para agosto quisiera ganar un dinerillo antes. Y allí la fuimos pasando, papela a papela, tripi a tripi, fingiendo que era de la que tomábamos nosotros y a gente de confianza. Claudia nos traía los paquetitos cada día. Lo cierto es que nos la jugamos. Pero salió bien y a final de julio no teníamos una pastilla, pero si un buen fajo de billetes. Nos los repartimos y nos separamos cada uno por su lado. Yo a mi trabajo, Luis a la India y Claudia...

- ¡Se enrolló contigo!

- Sí. Pero lo hizo por despecho.

- Despecho de qué.

- Había pescado a Klaus follando con Luis.

- ¡¿Con Luis Gerici Salac?!

- Sí. Luis iba de místico pero en el aspecto sexual sólo buscaba un agujero donde meter la polla le daba igual un coño, un culo o una cerradura.

- Conozco el tipo.

- Klaus quería irse a la India con Luis pero este le dejó muy claro que se iba solo. Así que decidió irse a San Francisco. Se fue y no he vuelto a saber nada de él hasta hace dos meses que se presentó en mi despacho.

- ¿Que quería?

- Diez millones.

- A cambio de qué.

- De su silencio.

- ¿Quien le habría creído?

- El propietario de la droga.

- ¿Quien es?

- Ya sé que resulta melodramático pero pongamos que es la Mafia.

- ¿La Mafia Mafia?

- No exactamente. No es como en las película pero es algo parecido. Más cutre pero matan igual.

- Así que accediste al chantaje.

- Sí.

- ¿Y por eso vinimos a Turquía?

- El quería que le pagara con dinero negro y en un país poco controlado y me citó aquí.

- ¿Le has pagado?

- Sí.

- ¿Cuando?

- La noche de tu cabreo.

- ¿Donde llevabas el dinero?

- En la mochila con la cámara y la documentación.

- Y ¿si nos hubieran parado en la aduana?

- No nos pararon.

- ¿Me has metido en este berenjenal sin decirme una palabra, fingiendo que era un regalo de aniversario? Me has engañado.

- Si todo hubiera salido bien no te habrías enterado de nada y para ti hubiera sido sólo un hermoso recuerdo.

- Es obvio que no ha salido bien. Déjame sola, por favor.



Cuando fueron a cenar se encontraron con una sorpresa: "Madame" les había preparado una mesa conjunta. Para ella, al ser todos eran españoles, lo más "poli" era que consolaran al pobre compatriota que había perdido a "son ami" o que, al menos, le hicieran un poco de compañía. Los franceses siempre tan atentos. La situación era muy tensa, al principio todo el mundo guardaba silencio. No sabían que decir: no podían actuar como si nada hubiera pasado y al mismo tiempo no sabían hasta que punto podían hablar claro.

- ¿Han interrogado a alguien en español? - preguntó Claudia y al no contestar nadie, continuó - Entonces podemos hablar con tranquilidad. Nadie nos entiende.

- Y ¿de qué quieres hablar? - dijo Marta.

- De cualquier cosa. De los viejos tiempos por ejemplo.



"¿Que viejos tiempos?" se preguntó la mujer de Luis. Sabía que su marido era excéntrico. Por eso no le había extrañado que, de repente, quisiera venir a Afrodisias: un lugar del que ella no había oído hablar jamás. Es cierto que nunca se había caracterizado por su cultura, pero a Luis eso no le importaba. Ahí estaba él para remediarlo. Y una vez han llegado a este culo del mundo, no se mueven del hotel. Ni siquiera para ir a ver unas ruinas que por lo visto están ahí enfrente. Y si el hotel tuviera piscina, aire acondicionado y unas instalaciones apropiadas lo entendería, pero aquí... Encima se mata uno que por lo visto era el amante de este otro, Dios le perdone, y ahora resulta que todos eran compañeros de la universidad y si no llega a ser por el accidente se van de aquí sin saludarse siquiera. Menos mal que no me dejaron ser intelectual... ¡Qué líos más raros!... El alemanote les estaba haciendo chantaje por lo de Antonio. ¿Quien será Antonio?...¡Diez millones!... ¡y a la mujer cinco!... y Luis ¡¡quince!!...¡mis perlas! ¡ha vendido mis perlas!...¿Para compensar? Para compensar ¿qué?... ¿Lo que le había quitado a Claudia?... Que no se me olvide preguntarle a Luis donde están mis perlas y que le quitó a Claudia que vale cinco millones. Mejor sólo le pregunto lo de las perlas, no hay que liarse demasiado... Y el niñato este diciendo que no sabe nada. ¡Ja! ¡Con la pinta que tiene! Que devuelva el dinero y nos deje en paz...¡Anda! ¡Se va! ¡Pero quien se habrá creído que es!



- ¿Que hiciste anoche?

- Te vas a poner celoso ahora. ¿TÚ?

- No son celos pero debes tener en cuenta que hay un asesino rondando por aquí.

- Mira Emilio, el asesino ronda por tu cerebro.

- El dinero no ha aparecido.

- Lo tiene Paco.

- El dice que no.

- Y tú dices que se lo diste, y Luis también, y Claudia. Si hay un asesino, y lo recalco, SI HAY un asesino es uno de vosotros cuatro. Y no quiero saber quien. Entonces sabría demasiado y sí que correría peligro. Así que me largo de aquí inmediatamente.

- Que es ese jaleo.

- ¡La policía otra vez!

- ¿Qué querrán?




- Paco se ha suicidado. Se tomó una caja de somníferos.

- ¡Vámonos!

- No, Marta. Yo tengo que quedarme. Por ahí hay diez millones que son míos. Y quiero que aparezcan.

- Me importan un bledo tus millones yo me voy. ¿Vienes?

- No puedo.

- Pues adiós. Nos veremos en Estambul.



- ¡Hola!

- Te he echado de menos.

- Yo también a ti.

-¿Qué ha ocurrido?

- La policía dijo que Klaus había tenido un accidente y que Paco se había suicidado por amor...

- ¿Apareció el dinero?

- ¡No!

- Lo siento...

- No te preocupes, las cosas no quedarán así.

- ¿Por qué?

- Porque ese dinero me ha costado mucho trabajo y no estoy dispuesto a regalárselo a nadie.

- Si al fin y al cabo es un dinero que conseguiste de forma ilegal!

- Te equivocas. No sacamos diez millones cada uno de lo de Antonio. Saqué lo suficiente para empezar y si ahora estaba en situación de pagarlos mi trabajo me ha costado... Y si Klaus nos quiso hacer chantaje es porque su parte se la había reventado.

- Bueno, al fin y al cabo, eso no deja de ser otro tipo de inversión.

- Desde luego. Ganó mucho en experiencia existencial, no lo dudo, pero muy poco en solvencia económica.

- Y lo suficiente en contactos mafiosos para saber con quien se os podía amenazar.

- Es un punto de vista...

- En fin, me alegro que todo esto sea agua pasada.

- De ninguna manera. No pararé hasta recuperar mi dinero.

- Por favor, olvídalo.

- No puedo. La simple idea que cualquiera de esos dos se este relamiendo el bigote me saca de quicio.

- ¿Qué dos?

- Luis y Claudia. ¿quien sino?

- ¿Crees que el dinero lo tiene alguno de ellos?

- Son los únicos que sabían de su existencia. Y no sería la primera vez que despojan a un muerto. Aunque esta vez el muerto sea obra propia y no ajena.

- Eso también vale por ti

- Sólo que esta vez soy inocente.


- "El señor Gerici Salac no puede atenderle porque está reunido" contestaba Margarita por teléfono mientras pensaba que estaba reunido de los cojones. Un cobarde. Eso es lo que es que ahora no quiere dar la cara. Mucho rollo de comer juntos, no te preocupes que yo pago, que si vamos a cenar porque es lo mínimo que te debo por hacerte trabajar hasta tan tarde, de que si hace mucho tiempo que no salgo y no conozco nada, que porqué no me enseñas algo que esté de moda, que que lugar tan enrollado, que si vives sola, que yo te acompaño no me cuesta nada me viene de paso, que bueno, una copa rápida que mañana hay que madrugar... y al final lo rápido fue el polvo porque su mujer lo está esperando en casa. Pero a mí este tío no me torea, aunque tenga una labia de agárrate y no te menees... Al fin y al cabo de eso vive. Ya me dirás que hace...Hablar, hablar y hablar. Reunirse para hablar, harcerme concertarle citas para hablar aquí o en la conchinchina. Soltar discursos por aquí, mesas redondas por allá, tertulias en la radio, debates en la televisión, ir a esta recepción, asistir aquel homenaje y en todas partes darle al pico sin parar. Pero si se cree que su palique le va a proporcionar una secretaria en horas de oficina y una amante entre horas por el mismo precio va fino... que la hija de mi madre no es imbécil. Y ¿quien coño será este tío? ¡Llevan dos horas! En cuanto le he dicho que Emilio Fortés estaba aquí lo ha recibido inmediatamente cuando tiene por norma hacer esperar siete minutos a todo el mundo. Ministros incluidos.